La preparación para unas oposiciones no es solamente estudiar por espacio de muchas horas. Hay que tener en mente que es un trabajo mental exigente, constante y, con frecuencia, muy solitario. Las personas que se meten en una oposición saben que el temario es clave, también los simulacros y la planificación, pero el tema mental importa y mucho.
Existen días en los que el problema que hay no es saber más o menos de un contenido, sino también poder sostener el ritmo, seguir confiando en las propias fuerzas y no hundirse cuando parece que uno avanza muy despacio. Por este tema, hablar de ello en las oposiciones no se puede decir que sea un tema menor. Casi se puede decir que es una parte central del proceso. De nada vale que cuentes con un buen programa de estudio si después tu cabeza está repleta de dudas, cansancio, bloqueos o miedo al fracaso. Una buena preparación significa que debes aprender a manejar mejor lo que ocurre en tu interior.
Estudiar una oposición exige resistencia mental
Desde la experiencia de años de Vanesa López, oposiciones de justicia, nos ha querido aclarar que, en su opinión, una oposición no es parecida a otros estudios. No existen solamente un examen final y una fecha clara en la que todo acaba. Lo que ocurre es que suele haber una etapa larga en la que hay una preparación, con sus altibajos, esperas, cambios de ritmo y la sensación permanente de que el objetivo está lejos.
Por todo ello, contar con una gran resistencia mental es tan relevante como la propia capacidad que se tenga para memorizar o comprender conceptos.
Nuestra mente debe adaptarse a los esfuerzos prolongados. No solo vale arrancar con energía. Lo complicado es poder sostener el hábito cuando pasan semanas o meses y queda mucho temario por delante. Existe una serie de pensamientos habituales que aparecen; pese a que a veces parezcan simples, pueden acabar desgastando bastante.
La oposición exige convivir con la incomodidad. No siempre la motivación será alta, ni tampoco sentirás que avanzas o que ves claros los resultados. Justo aquí es donde el tema mental importa y mucho.
Los que perseveran, hasta en los días más flojos, avanzan más que los que solo estudian cuando se sienten inspirados.
La presión puede jugar en contra
Entre los retos más importantes que tiene la oposición, podemos hablar de la presión. Aquí es posible que venga de fuera, por las expectativas familiares, por la edad, el entorno o la comparación con otras personas.
De la misma forma, es posible que venga de dentro, y en ocasiones pesa hasta más. Cuando hay una autoexigencia mal gestionada, cada sesión de estudio pasa a ser una prueba personal.
Cuando la mente funciona bajo mucha presión, se vuelve menos flexible. Cuesta bastante más concentrarse, aparecen los bloqueos y todo se interpreta como una señal negativa.
Un día malo parece confirmar que no se está preparado. Los errores en los tests se viven como si de una catástrofe se tratase. Si una semana se está especialmente cansado, se interpreta como si hubiese falta de capacidad. Todas esas formas de leer lo que sucede acaban desgastando bastante.
La presión como tal no desaparece nunca, ya que es parte del camino, pero sí que se puede regular. Lo más importante es no dejar que mande en nuestra experiencia. Cuando se estudia con una tensión constante, ello no ayuda a un mejor rendimiento.
La verdad es que pasa al revés, puesto que se estudiará peor, reteniendo menos, y esto hace que se disfrute menos del proceso. Por todo ello, el cuidado de la mente no es un capricho; hablamos de una forma de proteger el rendimiento.
Hay que entrenar la concentración
Existe mucha gente que piensa que concentrarse es algo que tenemos o no tenemos, como si fuese una cualidad fija e inmutable. Lo cierto es que la concentración es algo que se entrena, algo que en unas oposiciones es vital.
Lo que sucede es que el cerebro se termina acostumbrando a lo que hace habitualmente. Si se pasa horas saltando de un estímulo a otro, le costará más sostener la atención. Cuando se trabaja en sesiones ordenadas y en las que hay menos interrupciones, se mejora poco a poco.
Algo que debes saber es que la concentración no trata sobre estudiar multitud de horas seguidas sin parar. No solo no hablamos de algo que no es realista, sino que es poco eficaz. Esto no solo no va a ser realista, sino que será escasamente eficaz.
Realmente, trata más bien de aprender a estar presente de verdad mientras se está estudiando. Mejor una sesión que sea corta, pero que se aproveche bien, que una tarde entera en la que tengamos la cabeza dispersa.
La mente precisa de un entorno claro para poder rendir adecuadamente. El ruido, el móvil, las notificaciones, las redes o la multitarea son enemigos habituales del estudio. Reducir dichas interferencias no solo ayuda a ahorrar tiempo, sino también a entrar antes en un estado de trabajo de verdad. En las oposiciones, cada minuto de atención útil cuenta más de lo que uno cree.
El miedo al suspenso paraliza
Entre los pensamientos más pesados que existen en las oposiciones, se puede hablar del miedo a no conseguirlo. No nos encontramos con un miedo irracional. Está conectado con el esfuerzo invertido, el tiempo dedicado y lo importante que es el objetivo a lograr. Lo que pasa es que cuando ese miedo es una alerta útil, pasa a ser una carga en todo momento.
Si en la mente se instala el temor a suspender, comienza a anticipar el fracaso antes de que se produzca. Estudiaremos pensando que es posible que no valga para nada. Los tests se hacen pensando en que cualquier error valdrá para confiar lo peor. El examen se mira como una amenaza más que como una oportunidad. Esta manera de pensar quita energía cuando más se necesita.
Lo que debes tener claro es que el miedo no se eliminará por completo, pero sí que podemos ponerlo en su sitio. No debes negarlo ni disfrazarlo. Solo se debe reconocer sin que marque nuestras decisiones. En las oposiciones no hay problema en sentir inseguridad, lo que sí que es malo es que ella sea la que gobierne nuestro ritmo de trabajo. La mente precisa seguir aunque existan las dudas.
¿Qué ocurre con la autoestima?
El hecho de preparar una oposición implica bastante más que el mero hecho de ir acumulando información. De esta forma se construye una relación más sana con uno mismo. Existen en los que se puede pensar que el valor de la persona depende de un test, nota, etc.
Todo esto es peligroso, que hace que el estudio pase a ser una evaluación permanente de la propia identidad.
Una cosa es rendir bien y otra sentir que uno vale mucho únicamente cuando se rinde adecuadamente. Por todo ello, es clave separar el valor de la persona del resultado que se logre.
Las personas que mantienen una base de confianza estable afrontan mejor el proceso. No es pensar que todo va a salir bien, sino no derrumbarse cuando algo sale regular. Hay que tener en cuenta que la mente precisa una voz interna más firme y menos cruel. Dicha voz no elimina el esfuerzo, pero sí que ayuda a poderlo sostener.
El descanso también forma parte del estudio
En ocasiones asociamos el esfuerzo con estudiar más y descansar menos. Esto en las oposiciones suele ser un error. Cuando se descansa, no perdemos el tiempo; es algo necesario cuando no queremos perder el tiempo. Cuando no hay pausas, se reduce la atención y la memoria acaba por saturarse.
Nuestra mente necesita consolidar lo que ya trabajó. Esto ocurre no solo por seguir leyendo, sino por permitir que se asiente la información. A veces recordamos todo mejor después de una pausa que si seguimos estudiando sin ganas otra hora más. Estamos ante algo que es fundamental y que no siempre se le da la importancia que merece. Además, es que es un tema recurrente; la gente se compara y, más con la aparición de grupos de WhatsApp o Telegram de opositores, en los que parece que tomarse un descansito casi es dar ventaja a un rival de la oposición.
Hay que llegar a la recta final y al examen con la mente estable
Los últimos meses hay que mantener la calma. Recordemos que la mente pesa tanto como el propio temario. De nada vale trabajar mucho si después tenemos nervios, hemos dormido poco o factores como la inseguridad tiran por los suelos gran parte del trabajo realizado.
Aquellos que opositaron en algún momento saben que el camino no va a depender únicamente de la cantidad de temas que se memoricen. Todo va a depender de la forma en la que se viva el proceso. La mente no solo acompaña la oposición; lo que hace es sostenerla. Cuando se cuida, lo que ocurre es que los esfuerzos que se hacen son más claros, sostenibles y humanos.





